CASAS, CASITAS, CASONES

APRENDIMOS CÓMO ERAN LAS CASAS DE BUENOS AIRES EN LA ÉPOCA COLONIAL.

PRIMERO, MAJO NOS LEYÓ LA DESCRIPCIÓN DE UNA CASA PORTEÑA DE LA ÉPOCA COLONIAL, ESCRITA POR UN INGLÉS.

LUEGO, TRABAJAMOS EN LA PANTALLA INTERACTIVA, INTERPRETANDO PLANOS DE CASAS DE LA ÉPOCA.

 

La vivienda porteña según la descripción de un viajero inglés

Llegué a la casa que me habían recomendado alquilar. 
Desde afuera sólo se veía la fachada de ladrillo o yeso, en el centro una puerta muy alta que estaba flanqueada por dos ventanas a cada lado. La puerta y las ventanas tenían en su parte superior guardas ornamentales. 
La puerta se hallaba resaltada por dos falsas columnas y a través de ella se entraba al zaguán, un pasillo que daba a la puerta cancel por la que se entraba a un patio embaldosado, solamente los conocidos traspasaban esa puerta. 
En el zaguán había una tercera puerta que daba a una sala, donde el dueño de casa recibía a las personas que no eran de la intimidad de la familia para tratar asuntos de negocios, cuestiones políticas o de cualquier otra índole. 
El patio era, por lo general, cuadrado y tenía en el centro un aljibe o una fuente, muy alegre y perfumado por magnolias, limoneros y jazmines. Alrededor de él se encontraban los dormitorios y la sala, centro de la vida familiar. 
Alejadas del resto de la casa y separadas del edificio principal se hallaban el baño y la cocina. Su desvinculación con el resto de la casa se debía a razones de higiene, por la ausencia de una red de saneamiento y por los humos generados en la cocina, donde se utilizaba un brasero. 
Por razones prácticas, la posición de la cocina condicionaba la ubicación del comedor, que se ubicaba en una de las habitaciones cercanas al fondo pero con vista al patio central. 
Luego de la cocina y el baño y mucho más al fondo aún, se encontraban las habitaciones de la servidumbre, la huerta y el gallinero. 
Las ventanas que daban a la calle eran muy bajas y llegaban en su parte inferior casi a tocar el suelo. Las porteñas se sentaban en los alféizares para observar a los transeúntes y recibir los saludos de los amigos de los cuales las separaban fuertes barrotes de hierro que aseguraban las ventanas pero, además, servían de sostén a guirnaldas de hermosas plantas. 
En la sala que daba a la calle, las señoras tenían un espacio reservado exclusivamente para ellas, con muebles pequeños donde apoyaban los materiales que utilizaban para sus labores. Mientras una mulata les cebaba mate, ellas cosían y bordaban, practicaban canto y conversaban sobre los vestidos que usarían para ir al teatro o a misa. En las pocas ocasiones que las señoras salían de la casa eran acompañadas por una esclava o por un hombre de la casa. Las jóvenes obedecían a su padre en todo y sólo cuando se casaban se alejaban del hogar paterno. El padre elegía a los novios de sus hijas teniendo en cuenta que tuviera una buena posición económica y que fuera de buena familia. 
También las azoteas eran un lugar de reunión, sobre todo, para aquellos que no deseaban oír el bullicio de la calle y en tiempos de las invasiones inglesas, desde allí los porteños arrojaron agua hirviendo a nuestro ejército, ocasionando muchísimas bajas. 
Los pisos eran de baldosas de ladrillo rojo bien brillante, algunas veces, con dibujos. Los tirantes de los techos eran de madera de urunday o de palmera y casi nunca se cubrían con un cielo raso.  Las paredes lucían coloridos papeles de las fábricas de París y las habitaciones, hermosos muebles europeos. 
En invierno calentaban sus frías y húmedas habitaciones por medio de braseros, a riesgo de sofocar a los que estuviesen dentro con el tufo y el humo del carbón; algunas familias que visité tenían estufas inglesas con chimeneas.
En construcciones nuevas se habían introducido pisos altos. Así que, en la planta baja había comercios o almacenes de depósito y en la planta alta residían las familias. 
Aunque sabía que la ciudad contaba con dos hoteles ingleses y aunque el precio que me habían pedido por el alquiler era elevado, preferí la privacidad y acepté hospedarme en esta casa.

Adaptación de Woodbine Parish, Buenos Aires y las provincias del Río de la Plata desde su descubrimiento y conquista por los españoles. Buenos Aires: Hachette, 1958 y D’ Orbigny, Alcides, Viajes a la América Meridional, Buenos Aires: Futuro, 1945.

Tomado del Blog de Dirección General de Cultura y Educación de Buenos Aires (provincia)

Esta entrada fue publicada en 2014, ciclo lectivo y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

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